lunes, enero 11, 2016

Lo que pasó mientras tú hacías pizzas

Había intentado leer, pero no fue muy fructífero. El sueño se fue apoderando poco a poco de mi y en una duerme vela apareció Araceli. Estaba guapa y además quería mimos. Sí mimos. Muestras de ternura, contacto de cuerpos. Y quizá se hubiera transformado en pesadilla si fuera sueño y no una suerte de limbo medio consciente.
Abro los ojos. Giro la almohada. Posición fetal. Araceli ya no estaba. Araceli se había ido hace casi ya un año, Araceli había vuelto y luego se había ido.
Ahora mismo, no sólo Araceli no estaba, sino que además yo la había echado de mi lado. Le había dicho "No quiero ya más" Así. Duro y fuerte. Alto y claro. Conciso. Sin aristas, sin concesiones.

Entonces rompo a llorar. En la cama. Sólo. El perro no entiende. Una soledad grande y fuerte supera los límites de mi cuerpo. Me envuelve, me arropa con malicia.
Al principio cuando Araceli se marchó por primera vez también lloré mucho. Es normal. Las siguientes veces apenas solté lágrimas y fueron de impotencia.

Pasé de acariciar el sueño a darme de bruces con una realidad que había omitido enfrentar desde hacía días.

El caso es que estaba ahí, en la cama, sentimientos burbujeandome las entrañas; justo encima del ombligo y por debajo del esternón. (Tuve que tocarme para expresar correctamente esa frase).

Mi primera reacción fue intentar hablar contigo. Pero me dices que lo sientes y yo que no lo hagas. Imagino que estás ocupada y aunque me molesta un poco casi instantáneamente se diluye entre otros muchos sentimientos de los que no eres participe.

Con un impulso del todo irracional le escribo a Araceli, diciéndole que soñé y estaba ella. Como compartiendole mis miserias, que son mías y que yo mismo me he buscado con la cabeza y el corazón.

Qué extraño cuando uno es consolado por la persona que hirió. Consolado por herirle. Consolado por herirse a si mismo, libre y voluntariamente. Consolado por la persona que hirió y hiere y no quiere pero lo hace.

Y qué confuso se ve todo desde esta posición. Un poco vaga.

Así pasé mucho tiempo hablando con Araceli, hasta hoy. Llevas como tres días haciendo pizzas. Casi he contado mis días como el tiempo que pasa entre que estás y no estás porque estás ahí distribuyendo peperonni de forma eficiente.

El primer día Araceli me cuenta que por azares de la vida tuvo acceso a mi correos personales. Entonces descubro con asombro que ha leído las cartas que nos hemos intercambiado. (Menos aquellas que te envió y ya nunca más se supo) y también otras que tuve con Didi. Me sorprendió que escogiera unos y otros mensajes.

En un momento dado tuve un aluvión de reproches, por decir esto, por hacer lo otro, por confesar, por compartir.
Ahí volví a venirme abajo. No entendía nada.

Te pondré en situación:

Yo estaba en un borde de la cama, con las piernas cruzadas y las palmas de las manos contra los ojos. Ella estaba frente a mí, apenas medio centímetro entre mis pies y sus pies. Y me dice "Maria Fernanda" y yo pienso que nadie te llama así. Pero es mentira. Pero yo no puedo imaginar que alguien se refiera a ti de esa forma.

Qué complicado se me hace esta parte. Y le digo que no sé que papel tienes en mi vida. E intento omitir todo aquello que la pueda herir sin faltar a la verdad. Por ejemplo no le digo que te quiero. Porque no sé si ella entiende que se pueda querer a alguien desde una perspectiva que no implica e implica muchas cosas. Quizá porque yo tampoco lo sé.
Ella sabe que me voy y sólo a veces asume que voy a irme, que no sé si volveré pronto o tarde.

Podría decirse que hay razones para irme que estén relacionadas contigo. Pero al igual que pienso renunciar a la comodidad de mi hogar, puedo renunciar a todo. Es decir, como el extranjero de Camus, busco primero la peor situación y pienso si con ella también podría ser feliz.
Puedo ser feliz sin que me quieras. Y sin verte nunca en la vida. A parte de eso quiero que me quieras y quiero pasar tiempo de mi vida contigo. No, no quiero que seas mi esposa, ni mi amiga, ni la tía de mis futuros sobrinos. Todo eso es un absurdo para mi. ¿Cómo se explica esto?
No lo sé. Pero yo estoy tranquilo por lo menos en eso. No estoy tranquilo si tengo que enfrentar todo esto a una persona que tiene otra forma de entender las cosas, porque entonces me siento solo. De una forma inexplicable. De una forma total y absoluta. Como si todos los puentes que me unen al mundo se fueran cayendo, porque no hay gente que se atreva a cruzarlos.

También he pintado, he leído y he comido mucho.
Desde el primer día que fuiste a hacer pizzas (Aunque tardarías algunos días más en terminar de empezar a hacer pizzas e hiciste tu primera pizza) hasta ahora han pasado cosas que han movido muchos sentimientos. Respecto a ti. Estás contenta. Eso basta.

No hay comentarios: